Por el hecho de parar

cuerpo

Son varios años que llevo trabajando con personas que han vivido violencia sexual,  y son menos las personas que piden ayuda cuando se dan cuenta que ejercieron esa violencia sexual…

El efecto más desgarrado del machismo aflora, como un cuento de Disney… todo de color de rosa y lleno de cariño.  Donde el violador desea satisfacer sus más profundas necesidades de placer, cegado. Donde ella atraviesa el momento contando los segundos por supervivencia y cegadamente desgarrada.

Pasan los años y cuando las heridas están a punto de cristalizarse de cualquier forma empezamos a reaccionar. Ese momento donde cualquier mujer puede ser capaz de ver que aquella relación sexual con su pareja fue una violación. Un acto del que quiso escapar y no pudo por que somos educadas para la indefensión y por que lo único que podía hacer que eso acabara es que él parara.

Cuando conseguimos identificar eso como violación, han pasado demasiados años y la culpa emerge.

Quizá para él, lo único que pudo haber permitido que parara habría sido una educación donde el acceso al placer es respetado y compartido por igual como algo lícito para ambos.  Verse más allá de sí. Y cuando han pasado los años, simplemente hablarlo y salir de la prisión del arrepentimiento y el silencio. Para comprender que se les enseña a estar pendiente exclusivamente de sí mismos y el placer, por que parece que  la  mujer tiene un valor inferior (pero es mentira).

Después presas de la vergüenza las mujeres piden ayuda, como si la responsabilidad solo fuera de ellas. Y los hombres no tienen espacio para responsabilizarse. Cuando al final culpar a uno u otro les exime de esa misma responsabilidad y por eso tardan tantos años en buscar una salida. Que él reconozca la violación que cometió es la única manera de liberarla a ella del sentimiento de culpa.

La violencia sexual es más que nunca cosa de hombres. Si no comprendes eso es que aún estamos muy identificados en culpar a las víctimas de la violencia sexual. Que es cometida en mayor número por hombres que por mujeres y cuya voz tampoco aparece. O la de ambas partes es silenciada cada una a su manera.

Al final la solución es cosa de dos, aliviarnos del sufrimiento es cosa de todos.

 

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